Los campesinos de Córdoba que tienen agua en plena sequía.

noviembre 30, 2019

Al ver que escaseaban las lluvias, construyeron su propio acueducto que funciona con energía solar.

La sequía de los últimos meses tiene entre el hambre y la sed a la cuenca media y baja del río Sinú, en Córdoba. Desde 2012, las lluvias han disminuido a la mitad, el Gobierno declaró calamidad pública y en todo el departamento se calcula que hay 111 mil afectados, dos hectáreas de terreno cultivable donde ya no crecen las plantas y 5 mil reses muertas.

Pero la falta de lluvias y las altas temperaturas no han sido motivo para que a las 50 familias de las veredas Río Ciego y Pareja, entre Lorica y San Bernardo del Viento, les falte el agua potable o mueran sus cultivos y ganado.

Todos los días, desde hace dos años, cada hogar recibe 200 litros diarios del líquido vital, proveniente del río Sinú. Éstos son distribuidos para consumo y labores de la casa, y el agua que se logra reutilizar de estos procesos, se descontamina con un sistema artesanal y se utiliza para el riego y el ganado.

¿Cómo logran tener agua limpia mientras sus vecinos sufren por el drama de la sequía?

Hace cuatro años, la situación en la cuenca baja y media del río Sinú era dramática.

La gente tomaba el agua directamente del afluente sin ningún tipo de tratamiento, y en tiempo seco, las mujeres y niños debían desplazarse hasta tres horas y media para conseguir el recurso.

De hecho, el 80 por ciento de los habitantes del Bajo Sinú no tiene acceso a este servicio básico, mientras el 20 por ciento restante depende de sistemas de acueducto que funcionan con energía eléctrica (cuya instalación tiene un valor de unos $300 millones), dejan de funcionar en época de inundaciones y le cuestan cerca de $8 millones mensuales a las veredas que los implementaron en Lorica y San Bernardo del Viento.

Víctimas de la dificultad para conseguir el agua, hace cuatro años, la Asociación de Pescadores, Campesinos, Indígenas y Afrodescendientes para el Desarrollo Comunitario de la Ciénaga Grande del Bajo Sinú (Asprocig) decidió crear su propio acueducto, el cual, según los planes, funcionaría con energía solar.

Por primera vez, el agua iba a llegar a través de tuberías, y no en cántaros. Ya no tendrían que caminar por horas a buscarla, y los niños que se hacían cargo de esta engorrosa labor podrían volver a las escuelas. Desde el diseño, hasta la financiación y la orfebrería venía de ellos mismos. Estaban plenos.

El resultado dejó perplejos a muchos: Río Ciego y Pareja tenían acueducto, funcionaba con energía solar y la instalación les había costado $24 millones, casi 15 veces menos respecto al valor de un sistema tradicional. De esta forma, demostraban que el ingenio no solo está entre las paredes de una oficina.

Así funciona

El sistema creado por los campesinos de Lorica y San Bernardo del Viento es simple. La energía de paneles solares (de 110 voltios y que consiguieron a través de un proveedor local) es utilizada para mover una electrobomba que transporta el agua desde el río Sinú hacia tanques elevados, y luego a las viviendas.

Debido al alto costo, se eliminó el concepto de planta de tratamiento y cada familia es la encargada de potabilizar su agua con decantadores, un tanque con cloro, un filtro cerámico con plata coloidal, sulfato de aluminio y una planta llamada tuna, que utilizaban los indígenas zenúes cuando no había equipos de limpieza tan sofisticados.

La misma comunidad realiza monitoreos mensuales de la calidad del líquido y están capacitados para el mantenimiento de su planta, a prueba de inundaciones.

En su idea contemplaron la instalación de una batería sanitaria para cada hogar (la cual no tenían antes) y un área de cultivo pequeña (irrigada por el mismo acueducto) donde siembran entre 40 y 60 especies vegetales para el consumo, las cuales no crecen con agroquímicos, sino con abonos naturales, y son comercializados exitosamente en el mercado de Lorica.

Según Juan José López, líder de Asprocig, no es que la sequía no los haya afectado. De hecho, dice, el calor se hace insoportable y las lluvias solo están en las oraciones de la gente. Sin embargo, desde el año pasado en Río Ciego y Pareja notaron que el ciclo normal del verano e invierno estaba cambiando, y entonces almacenaron suficiente agua en sus tanques.

Si hubieran esperado la reacción del Gobierno, se cuestiona López, estarían con la incertidumbre de no saber si llegarían los carros tanque con agua, los subsidios y los alimentos. Por eso, advierte, “nadie mejor que nosotros, los usuarios, para administrar nuestro derecho al agua”.

Al respecto, Maryluz Mejía, presidenta de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental (Acodal), que agremia a las grandes empresas de acueductos, menciona que ve con buenos ojos la iniciativa de Córdoba. Para ella, el país no ha logrado cerrar la brecha que genera el suministro de agua en las grandes ciudades, frente al de las zonas rurales. En comunidades aisladas, dice, los esquemas normales de prestación de servicios no pueden funcionar igual. Son lugares aislados, con baja capacidad de pago y no tienen posibilidad de tener un prestador como en cualquier ciudad grande.

Créditos:
MARIANA ESCOBAR ROLDÁN 
EL TIEMPO 
marrol@eltiempo.com

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